Ha llegado el momento. La alarma sonaba diferente, avisando de que era ahora o nunca, y que quizás no habría más oportunidades. Pero el miedo quedaba ahí, haciendo barrera a algo que intentaba salir pero sin saber como. No, no, no y no. Nunca había soportado un “no”, y en ésta ocasión mucho menos. Conecté el ordenador, esperando una triste y simple señal de su presencia en la red social. Su forma de escribir, la música que solía escuchar y el entorno que le rodeaba, sus amigos.
Habíamos hablado poco, ocasiones contadas con los dedos de mis manos. Pero aunque era poco, me encanta. Es perfección para mí. Pero había malgastado muchas ocasiones dándole el “no” que tanto pánico tenía a recibir. Ese mismo rechazo que odiaba y que a la misma vez afirmaba querer tener por pánico a verme a su lado. Sin saber ni como ni porqué, una corazonada auxiliadora alertaba mi conciencia varios días anteriores. Creo que es mi oportunidad.
En la vida hay un instante en el que se sabe perfectamente que ha llegado el momento de saltar. Ahora o nunca. Ahora, o nada será como antes. Y el momento es éste.
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